Igual que cambia de temporada en la ciudad tras los calores y vacaciones veraniegas, lo mismo ocurre en el pueblo. En las ciudades es fácil notar ese cambio, momento en el cual los escaparates se llenan de libros escolares, mochilas, uniformes de escuela…y es que realmente empieza una temporada en el mes de Septiembre en la ciudad: es la vuelta a la rutina, a los horarios, al cole, a las aglomeraciones…pues igual ocurre en las zonas rurales, pero a la inversa.

Después de un mes de agosto, mes de fiestas populares, de días en la piscina, en la plaza del pueblo…mes en el que los pueblos llegan a duplicar o triplicar población, momento en el que los balcones vuelven a tener ropa tendida, niños jugando en las calles, paseos por la carretera…llega un momento de pausa, de vacío dónde nos quedamos “los de todo el año”, así se nos conoce y nos encanta.

Son los de “todo el año” los que mantienen al pueblo vivo, la tienda que apenas tiene ingresos pero continúa dando un servicio (muchas veces más social que económico), el teleclub (que apenas genera para pagar gastos), los diferentes bares e instalaciones que se llenan en verano, pero sobreviven en invierno, en gran parte gracias a la ilusión de los que lo regentan. Quiero hacer un llamamiento a mantener los servicios, pero de una manera viable económica y éticamente hablando.

No se puede pretender que un servicio que no genera ingresos esté por estar, es decir, los que lo regentan deben vivir, disfrutar y convivir. Y la realidad es que son muchos los servicios que se generan desde las Administraciones Públicas, Ayuntamientos básicamente, y éstos deben adaptarse a las realidades que cada negocio genera, para que éstos sean viables, y no se conviertan en pérdidas de dinero, ilusión y moral. Ésto es una realidad que debe entenderse, comprenderse y analizarse, y debe hacerse un llamamiento para que las condiciones de arrendamiento de las instalaciones municipales, sean viables y adaptadas al siglo actual, donde los trabajadores trabajan 8 horas al día, disfrutan de días libres y vacaciones, condiciones que en las ciudades no se cuestionan, pues el las zonas rurales tampoco debería hacerse, y la realidad es que muchas veces se cuestiona.

Y así, con el cambio de temporada, los de todo el año, los que realmente quieren vivir en el pueblo (con todo lo que supone la palabra “vivir”), volveremos a ver ventanas cerradas, calles desiertas, guirnaldas de fiestas en la plaza recuerdo de una plaza llena de gente disfrutando de su familia y amigos…pero encantados de seguir trabajando para mantener los pueblos vivos, aunque estacionales en muchos aspectos, pero no nos vamos a resignar a verlos convertidos en parques de atracciones (como tan bien lo describían nuestros amigos de  Alma Natura porque es totalmente inviable, sobre todo desde un punto moral; así que seguiremos, y esperamos con ilusión a aquellos que nos visitan de manera estacional.

¡Lo que haremos siempre, será disfrutar de todas las estaciones que nos brinda el entorno rural!, y esta es la estación perfecta para reuniones, meriendas, salidas en piña “los de todo el año”, y así disfrutaremos la estación de cambio que ya está aquí.

pensamientos de 4 \"Cambio de temporada\"

  1. Rosa… Totalmente de acuerdo contigo lo suscribo totalmente y me ha encantado el comentario que expones!!
    No pasará mucho tiempo desde hoy para que saque un hueco y vaya a visitaros.
    Gracias y Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *